Paralelismos entre Yahvé y el dios azteca Huitzilopochtli

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Paralelismos entre Yahvé y el dios azteca Huitzilopochtli

Mensaje  Scissors el Lun Oct 10, 2011 11:21 pm

Escribe Salvador Freixedo:



"Pues bien, esta extraña aventura -que tiene que haber resultado penosísima para el pueblo judío- la vemos repetida con unos paralelos asombrosos e incomprensibles en el pueblo azteca. Según las tradiciones de este pueblo, hace aproximadamente unos 800 años que su dios Huitzilopochtli se les apareció y les dijo que tenían que abandonar la región en que habitaban y comenzar a desplazarse hacia el sur "hasta que encontrasen un lugar en el que verían un águila devorando a una serpiente".

En este lugar se asentarían y él los convertiría en un gran pueblo. La región en que por aquel entonces habitaban los aztecas estaba en lo que hoy es terreno norteamericano -probablemente entre los estados de Arizona y Utah- y por lo tanto su peregrinar hasta Tenochtitlán fue notablemente más extenso que el que a los hijos de Abraham les exigió su "protector" Yahvé. La caminata de los "Hijos de la Grulla"(como tradicionalmente se llamaba a los aztecas) fue de no menos de tres mil kilómetros y no precisamente por grandes carreteras, sino teniendo que atravesar vastos desiertos y zonas abruptas y de una densa vegetación, que ciertamente tuvieron que poner a prueba su fe en la palabra de su dios Huitzilopochtli.
-La personalidad de Yahvé era muy parecida a la de Huitzilopochtli. Ambos querían ser considerados como protectores y hasta como padres, pero eran tremendamente exigentes, implacables en sus frecuentes castigos y muy prontos a la ira.

-Ambos acompañaron "personalmente" a sus protegidos a lo largo de toda la peregrinación ayudándolos directamente a superar las muchas dificultades con que se iban encontrando en su camino.

-Yahvé los acompañaba en forma de una extraña columna de fuego y humo que lo mismo los alumbraba por la noche que les daba sombra por el día, y les señalaba el camino por donde tenían que ir, haciendo además muchos otros menesteres tan extraños y útiles como apartar las aguas del mar para que pudiesen pasar de una orilla a otra, etc. Huitzilopochtli acompañó a los aztecas en forma de un pájaro, que según la tradición era una gran águila blanca que les iba mostrando la dirección en que tenían que avanzar en su larguísima peregrinación.

-Este peregrinar en ninguno de los casos fue de días o semanas. En el caso judío, Yahvé, extrañísimamente, se dio gusto haciéndolos dar rodeos por el inhóspito desierto del Sinaí durante 40 años (cuando podían haber hecho el camino en tres meses). Huitzilopochtli fue todavía más errático y desconsiderado en su liderazgo, pues tuvo a sus protegidos vagando dos siglos aproximadamente, hasta que por fin los estableció en el lugar de la actual ciudad de México.

-Ambos pueblos fueron adoctrinados en un rito tan raro como es la circuncisión.

-Tanto Yahvé como Huitzilopochtli les exigían a sus pueblos sacrificios de sangre. Entre los hebreos esta sangre era de animales, pero entre los aztecas la sangre era frecuentemente humana (...). Yahvé, a primera vista, no llegaba a tanta barbarie, pero parece que a veces acariciaba la idea. Recordemos, si no, el abusivo sacrificio que le exigió a Abraham de su hijo Isaac (y que sólo a última hora impidió) (...).

(Y conste que no decimos nada -para no extendernos- de los auténticos ríos de sangre que el propio Yahvé causó con las continuas batallas a las que forzó durante tantos años a su pueblo. Ríos de sangre que a veces provenían exclusivamente de su pueblo escogido cuando "se encendía su ira contra ellos" cosa que sucedía con bastante frecuencia).

-Tanto Yahvé como Huitzilopochtli abandonaron de una manera inexplicable a sus respectivos pueblos cuando éstos más los necesitaban. Yahvé -que estaba bastante escondido desde hacía varios siglos- desapareció definitivamente a la llegada de los romanos a Palestina, y Huitzilopochtli hizo lo mismo cuando llegaron los españoles...

-Por supuesto, como no podía ser menos, ambos pueblos fueron instruidos detalladamente acerca de cómo habían de construir un gran templo en el lugar en donde definitivamente se instalasen.

-Por si todos estos paralelos no fuesen suficientes, nos encontramos todavía con otro, que le confieso al lector que a mí me produjo una profunda impresión cuando lo encontré ingenuamente relatado por fray Diego Durán, uno de los muchos frailes franciscanos que escribieron las crónicas de los primeros tiempos del descubrimiento de las Américas, basados en lo que los propios indios les contaban.

El buen fraile, en su relato de las creencias de los antepasados de los aztecas, nos cuenta (por supuesto, con una cierta lástima ante el paganismo "demoníaco" en que se hallaban sumidos aquellos pueblos) que cuando el pueblo entero avanzaba hacia el sur, siguiendo siempre a la gran águila blanca que los dirigía desde el cielo, lo primero que hacían al llegar a un lugar, era construir un pequeño templo para depositar en él el arca que transportaban y mediante el cual se comunicaban con su dios.

-Todavía como un último paralelo, podríamos añadir lo siguiente: si el Yahvé de los hebreos tuvo su contrapartida americana en Huitzilopochtli, el Cristo judío, en cierta medida reformador de los mandamientos de Yahvé, tuvo su contrapartida en Quetzalcoatl, el mensajero de Dios, instructor y salvador del pueblo azteca, que, como Cristo, apareció en este mundo de una manera un tanto misteriosa; fue aparentemente un hombre como él, se fue de la Tierra de una manera igualmente extraña, prometiendo ambos que algún día volverían.
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